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Abstract

Desde mediados del siglo XVII Cádiz se convierte en uno de los principales centros esclavistas españoles, arribando a la ciudad numerosos hombres y mujeres procedentes del norte de Africa, el Imperio otomano o el Africa subsahariana. Todos ellos hubieron de reconstruir en la medida de lo posible su existencia, iniciando nuevas relaciones humanas, en las que la sombra del amo siempre estaba presente, formando núcleos familiares, aunque ello no impidiese la omnipresencia de la explotación sexual, ejerciendo un sinfin de ocupaciones, siempre de escasa especialización, y adoptando, más o menos interiorizadas, unas creencias religiosas muy distintas a las de su lugar de origen, aunque los de origen musulmán pudieron conservar en mayor medida su religión.

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