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Abstract

El hábito de poseer animales de compañía, con la mayoría de los rasgos que posee hoy en día, se gestó en los círculos aristocráticos y cortesanos europeos a lo largo de la Edad Moderna. En la corte española este fenómeno es claramente perceptible durante el siglo XVIII, cuando la afición de los miembros de la familia real por coleccionar animales exóticos se conjugó con un creciente entusiasmo por poseer toda clase de mascotas de cámara. Entre los muchos animales que llegaron a abarrotar las habitaciones palaciegas, las más numerosas fueron siempre las aves de jaula, por las que la cultura aristocrática sentía una profunda fascinación que se fue incrementando al tiempo que lo hacía su propio refinamiento. Conviviendo de manera continuada con sus dueños y compartiendo sus espacios más íntimos, estos animales experimentaron también una gradual transformación en la forma de ser percibidos y representados culturalmente, dejando de ser meros objetos de lujo para convertirse en preciadas mascotas.

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